Llegar a la luna

Es cierto que en 1969 el hombre llegó a la luna. Pero la mujer parece que aún no ha llegado. Se siente aún alejada de su influjo, ignorando su evidente poder sobre ella.

Es curioso cómo con la luna menguante es más fácil depurar, nutrir en luna creciente, expresar en luna llena e interiorizar en luna nueva. Es el ritmo del hacer/no hacer. Son las dos caras de una misma moneda que en la cultura occidental no se han entendido ni practicado. Es de ley descansar cada tanto para reponersey la naturaleza lo hace. ¿Por qué no nosotras?

Según el maestro José María Toro, el verano y el invierno son para no hacer. Y la primavera y el otoño para hacer. Si observamos la naturaleza todo indica que ella actúa así. Por tanto, no voy a sentirme culpable por dedicar parte de mi vida a “ocultar mi cara externa”, como la luna. A ralentizar mi ritmo, a permitirme cargar fuerzas.

A la mujer en edad fértil esta necesidad de descanso le llega cada mes, durante la menstruación -en la menopausia suele llegar en luna menguante o nueva-. Sin embargo, todos los anuncios de compresas y tampones niegan esta realidad, se mofan de ella, te enseñan a no escuchar tu cuerpo.

Pero ya no nos engañan más. Hemos aprendido queel sangrado es el momento del vaciado, del descanso. Imprescindible para poder florecer en nuestra primavera.Como ocurre con tantos procesos fisiológicos de la mujer, ahora ha llegado el momento de rescatar la dignidad de vivirlos en plenitud, conectadas a ellos.

Por eso, yo cada día quiero ser más orgánica. Me reivindicoa mí misma mi parte instintiva, no domesticada, esa capaz de sacar a la luz a una mujer auténtica que ha estado enterrada demasiado tiempo. Creo que observarnos detenidamente, sin prisas y con amor, nos dará idea de nuestra maravilla como seres cíclicos.

Abuela luna, salir a contemplarte cada noche unos minutos debería ser asignatura obligatoria en todas las escuelas del mundo. Ayuda a tomar conciencia de la grandiosidad del universo que vive en mí.

De nada sirve intentar querer controlar las cosas, pues paso a paso vemos que todo sucede como ha de suceder. Y eso libera. No estamos solas. Flotamos en un océano de galaxias, pronto seremos también polvo de estrellas y todo está dispuesto con enorme sabiduría y precisión.

Oh luna, mandala plateado en el centro del cielo,basta mirarte para reconciliarse con todo. Así conectamos con una parte profunda, ancestral y silenciosa de nuestra psique. Puesto que las mujeres somos cíclicas como tú, es importante reunirse en círculos para seguir recordando el poder y la fuerza que generamos cuando estamos juntas, en tu honor.

Es la hora de descubrirlos beneficios de rescatar nuestra olvidada conexión con la madre Tierra y la abuela luna. Y los lazos que nos unen a todos los seres vivos. Nosotras, como mujeres, debemos liderar ese movimiento.

Asómate, busca la luna, mira en qué fase está y observa qué sucede en tu cuerpo. Entonces, sabrás que has llegado, de verdad, a la luna.

Elena Caballero Arenas. www.lasmujeresquehayenti.com

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